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Técnica de Alexander

La Técnica de Alexander debe su nombre al actor FREDERICK MATHIAS ALEXANDER (Tasmania – Australia 1869 – 1955). Este actor daba recitales teatrales en solitario y tras sufrir un fracaso estrepitoso al quedarse un día sin voz, creó este método de corrección postural a base de la observación constante de su postura corporal delante de un espejo.

Se transcribe  a continuación, literalmente un fragmento del artículo escrito por Andrezj Pilat titulado “El correcto uso del cuerpo” donde se resume el origen y la historia de Matthias Alexander. Me he permitido la licencia de resaltar en negrita algunas ideas sobre las que reflexionaremos después del artículo:

Era una calurosa noche de verano de 1889. El Teatro Nacional de Melbourne estaba lleno y a la expectativa del acontecimiento de la temporada. Se respiraba un aire de gran teatro Shakespeareano. El joven Matthias Alexander se preparaba para su gran noche. Por fin iba a cumplirse su sueño dorado: el rol de Macbeth. Hoy iba a convertirse en el «Gran Actor Shakespereano». Se había preparado para ese día durante largo tiempo. Las molestias de la garganta que últimamente lo preocupaban habían desaparecido después del reposo y tratamientos médicos. Llegó el momento…Los aplausos al final del primer acto le dieron todavía más fuerza. Pero en su subconsciencia empezó a germinar la preocupación. Empezó a sentir la misma molestia de siempre….Regresó a la escena muy concentrado; se acercaba el momento más importante de su interpretación. El tono de su voz era magnífico, Matthias, todo relajado, recitaba las estrofas tan bien conocidas y repetidas interminables veces, hasta en sus sueños. Pero, de repente, empezó a sentir la dificultad al exclamar las palabras más agudas, la respiración empezó a sentirse forzada, la voz perdió brillo y fuerza, cada vez era más débil, apagada, corta…Llegó lo más temido. No pudo pasar esa prueba. Fracasó. Los médicos le recomendaron reposo y medicación. Pero al no mejorar se empezó hablar de cirugía. Esto era demasiado para el inquieto Alexander. Decidió tratar de resolver el problema por sí solo. Estaba claro que el origen de la dificultad era ordinario, Alexander dedujo que la causa del problema debía ser algo que hacía cuando recitaba. De pie, ante un espejo, comenzó a observar exactamente lo que él llamaba su «manera de hacer», primero mientras hablaba y, al no haber hallado nada extraño, mientras recitaba. En cuanto comenzó a recitar, pudo advertir tres cosas: el cuello se le ponía rígido, causando la retracción de la cabeza; la laringe se le deprimía indebidamente, y respiraba con dificultad al tomar aire. En los pasajes más difíciles, esa pauta se exageraba. No tardó en darse cuenta de que ésta se presentaba también durante el habla «ordinaria» aunque de un modo apenas perceptible, lo cual significaba que la diferencia entre hablar y recitar era mínima. Como pensó que esa «manera de hacer» debía de constituir una mala costumbre, ya que parecía la causante del problema, Alexander se propuso evitarla. Con sus esfuerzos conscientes y voluntarios no consiguió impedir la depresión de la faringe, pero parcialmente al menos, no echar la cabeza hacia atrás. Ese logro condujo a la desaparición de las otras tendencias negativas. A medida que iba aprendiendo a evitar esa mala costumbre, Alexander descubrió que la calidad de su voz se beneficiaba y sus médicos le confirmaron que la laringe había mejorado. De todo ello, Alexander sacó la conclusión de que su «manera de hacer» afectaba su funcionamiento. Así fue como empezó a comprender que nuestras opciones relativas a lo que hacemos con nosotros mismos determinan en gran medida la calidad de nuestra vida. A esta capacidad de opción la denominó «Uso».La práctica continuada de la nueva técnica produjo un efecto tónico en el organismo de Alexander. Sus dificultades respiratorias desaparecieron y empezó a moverse con una agilidad y elegancia diferentes. Su fama como actor aumentó, a causa, sobre todo, de su voz impresionante. Otros actores, así como miembros del público, acudieron a él en gran número para pedirle clases. Al advertir que el lenguaje no alcanzaba a transmitir plenamente sus experiencias, Alexander comenzó a trabajar en un proceso de manipulación capaz de comunicar directamente la experiencia de una mejor coordinación psicofísica, proceso que perfeccionó durante el resto de su vida. De esta manera creó «LA TÉCNICA DE ALEXANDER».

Hay varias cosas que llaman la atención de este relato, su inicio tuvo lugar en 1889, y todavía en la actualidad, muchos profesionales trabajamos con ella, por lo que se siguen observando múltiples beneficios en relación a ella, en la música, en el ballet, en la equitación….

Sin embargo, aunque Mathías Alexander ya descubrió que  su problema de afonía estaba relacionado con el cuerpo y la actitud postural, aún encontramos que los foniatras, logopedas, odontólogos y cirujanos maxilofaciales, aún no trabajan en equipo en su mayoría, ofreciendo a los pacientes soluciones parciales a sus problemas. Desde aquí, me gustaría hacer una humilde llamada a estos profesionales porque si trabajáramos en comunicación Fisioterapeutas y  especialistas de la voz podríamos ofrecer soluciones más definitivas y duraderas a nuestros pacientes.

Me gustaría resaltar también, la importancia, que tuvo para Alexander los recuerdos inconscientes sobre sus dolencias antiguas, influyéndole de tal forma que le hizo fracasar en el estreno de su obra. Y, es que no podemos olvidar la dimensión bio-psico-social del individuo, donde el aspecto emocional, consciente o no, afecta inevitablemente a la patología física. Por eso, los profesionales sanitarios no debemos olvidar atender a nuestros pacientes de una forma integral y holística, tal y como tratamos de hacerlo en Fisioterapia Bahía.

Por último, querría hacer alusión a la esencia de la fisioterapia, la repetición constante de la postura correcta, ya sea practicando esta técnica, haciendo Pilates, o en cualquier escuela de espalda…Las grandes soluciones no se obtienen de un momento a otro sino tras repetir diaria y constantemente un uso correcto de nuestro cuerpo. Las recomendaciones de los fisioterapeutas siempre caerán en saco roto si los usuarios de esta profesión no tienen la disciplina y la constancia de seguir corrigiendo en casa todas las instrucciones realizadas previamente por los profesionales. Por ello, en definitiva, LA SALUD ESTÁ EN MANOS DE TODOS.

Inés Carmona Barrientos

Doctora en Fisioterapia

 

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